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Derecho,
Poder y Política en Honorable a medias
Por:
Yanira Alemán
En su novela Honorable a medias, José Rodríguez
Pastor nos presenta un “macondo” puertorriqueño, 31 años antes que
el famoso “Macondo” de Gabriel García Márquez quedara plasmado en su
Cien años de soledad, y dos décadas antes que el escritor
colombiano comenzara a esbozar este “fantasioso” mundo en obras
tales como Los funerales de la mamá grande. ¿Que por
qué tengo la osadía de comparar una novela puertorriqueña (de
la cual se han publicado sólo dos mil o tres mil ejemplares, y que
hasta hace dos semanas no sabía que existía) con una obra aclamada
por la crítica literaria y cuyo autor recibió el Premio Nobel de
Literatura? Es preciso responder con otra pregunta: ¿Y por qué
no? Si Villaturbia (el "pueblo" en el cual se desarrolla la trama)
es tan “macondo” que ni siquiera sale en los mapas de Puerto Rico,
debido a un “descuido imperdonable de los cartógrafos” .
No es el propósito de este escrito establecer que,
contrario a lo que alegan algunos expertos en la materia, en Puerto
Rico sí se ha producido literatura mágico realista; de hecho, no
puedo asegurar a "ciencia" cierta si Honorable a medias
“cumple” con todos los “requisitos” establecidos por los
críticos literarios para ser considerada como tal. Lo que sí
está claro, y por eso abordo todo este asunto, es que uno de los
aciertos de este tipo de literatura es que, envuelta en la magia, la
hipérbole y la literalización de las metáforas, la misma
induce a un cuestionamiento y reflexión sobre nuestras percepciones
y lleva usualmente un mensaje de crítica política, una denuncia de
aquellos atropellos que en nuestro diario vivir dejamos pasar
desapercibidos. Este elemento mágicorealista está presente en
Honorable a medias. Considero que esta es la razón que
impulsó a Rodríguez Pastor a comenzar la obra con la frase: “El
asunto es tan serio, que hay que tratarlo en broma”.
Definitivamente es serio el asunto. En
Villaturbia, el “pueblo” en el cual se desenvuelve la trama, hay
corrupción política y gubernamental. De hecho, las elecciones
son todo un carnaval en el cual abogados, jueces y fiscales cooperan
con los “honorables” líderes de la patria para sacar de la cárcel a
los matones que les ayudan en su tarea de comprar votos, y eliminar
obstáculos (entiéndase personas) en su proceso de convertir la
minoría en mayoría. Además, hay estafadores en todas las
profesiones, desde el farmacéutico Bicarbonato Récipe, hasta el
propietario del cementerio, Don Semeterio Catafalco. Las atrocidades
que se cometen en Villaturbia nos son presentadas de manera tan
amena y tan bien justificadas que, si no tenemos cuidado, podríamos
hasta confundir a los opresores con las víctimas y vice
versa.
A través de las aventuras de Anfiloquito, el
personaje central de la novela, el autor nos ofrece su visión del
Puerto Rico de 1936, con descripciones que fácilmente pueden
confudirse con las del Puerto Rico de los `90s. Aunque se
puede pensar de primera intención que la obra es pesimista, no
considero que lo sea del todo. Es cierto que existen
espécimenes como Pluscuán Perfecto (corruptos y abusadores) que
gozan de gran prestigio entre la comunidad, pero también hay
personas íntegras como Zenón para contrastar con ellos (aunque
hay mas pluscuanes que zenones); y a pesar de que hay jóvenes como
Anfiloquito (vagos que alcanzan posiciones de poder sin estudiar
para ello), los hay también como José Luis Rosicler, alias “El
Despreciao” (trabajador, responsable y estudioso). Además, en
Villaturbia nadie es completamente malo o completamente bueno.
El más claro ejemplo de esto lo es Apocalíptica Sánchez, a
quien describen paradójicamente como “deleite y castigo de la
comunidad”, y quien afirman sabía ser "estorbo y ángel
guardián al mismo tiempo”.
Tal vez el mayor rasgo de optimismo de la obra lo
encontramos en el segundo epílogo cuando Anfiloquito le cuenta al
autor, dos décadas mas tarde, que ya las elecciones no eran como
antes, pues ahora eran limpias, y le explica: “Ya no se compran
ni se venden votos, y los muertos no votan como antes. No
hacen falta perdonavidas ni guarda espaldas, porque no hay peleas ni
“encerronas” de electores.”(p.398)
En la novela, el tema de mayor importancia para
efectos de este escrito es la visión del Derecho y la práctica de la
abogacía. En Honorable a medias el Derecho se nos
presenta íntimamente ligado a la política y al poder, y la práctica
de la abogacía se percibe como inescrupulosa. El mayor ejemplo
de esto es el licenciado Pluscuán Perfecto, quien estaba muy activo
en la política y ocupó en repetidas ocasiones cargos en la Cámara de
Representantes y en el Senado y llegó a ser nombrado Presidente del
Comité de Hacienda de la Cámara de Representantes. Este
hombre, que era una figura de tanta importancia, prestigio y poder
en el pueblo, era también el rey de las “jaiberías”, entre
las cuales se contaban: 1) la práctica de comprar casas viejas de
madera, asegurarlas por el triple de su valor y hacer que se
quemaran, mientras él estaba fuera del pueblo, para luego cobrar el
seguro; y 2) crear la Sociedad Protectora de Todos Contra Todos para
cobrarle una mensualidad a los miembros que serviría para pagarle al
abogado defensor de la sociedad que sería nada menos que él.
Esta sociedad nunca defendió a nadie pero llevó a cabo varios
banquetes.
Pluscuán, además, nunca pagaba una cuenta, era un
borrachón, tenía decenas de hijos ilegítimos por los que jamás se
ocupaba, y todos los problemas presentados ante la Legislatura los
resolvía sugiriendo que se nombrara un comité para que se encargase
del asunto. Por esta última práctica era muy admirado por el
resto de los legisladores. En fin, tenemos en Pluscuán un
abogado sin escrúpulos que, precisamente por ser así, había podido
llegar a posiciones de poder.
El poder es un tema central ya que en esta novela
los poderosos lo definían todo. Definían hasta si era de día o
de noche, como sucede en el episodio que la Legislatura decide que
no eran las tres de la tarde del 24 de abril sino las nueve y media
de la noche del 15 de abril, por lo que estaban a tiempo para
aprobar leyes. De hecho, fue la Legislatura quien llevó a
Pluscuán a ser abogado. Esto lo descubrimos cuando Pluscuán le
explica a Anfiloquito lo siguiente: “Estando yo en la
Legislatura, no necesitas ir a ninguna universidad para obtener un
título de abogacía. Presentaré una ley proclamándote abogado y
asunto resuelto”(p.295). Luego le explica que así fue que
él llegó a ser abogado. El resto de esta conversación es
sumamente ilustrativa de la relación trivalente
Derecho/Poder/Política que nos presenta esta obra; la misma prosigue
de la siguiente manera: “En cuanto a la práctica de la abogacía,
es sumamente cómoda siendo líder del partido de la mayoría.
Postulas ante jueces que te deben su nombramiento, y
argumentas contra fiscales cuya suerte está en tus
manos”(p.296). Otra expresión ilustrativa de esta
situación se ofrece cuando le explica al joven que sacan a los
matones que ayudan en la campaña electoral absueltos porque
“nosotros los líderes políticos somos los que ponemos y quitamos
jueces y fiscales en todas las cortes de la
isla”(p.219)
La figura del jurado, la cual es de gran
importancia en el Derecho, nos es descrita también en la novela a
través de Pluscuán Perfecto, quien le explica a Anfiloquito lo
siguiente:
“Como estas 12 personas tienen siempre alguna
confusión en la cabeza y mucha prisa por volver a sus
trastiendas y zapaterías, y como además no pueden decidir nada sino
por unanimidad, se les hace mas fácil absolver al acusado que
condenarlo, máxime cuando casi nunca falta entre ellos alguno que
otro sujeto que por razones muy personales ha decidido insistir en
la absolución desde antes de empezar el juicio de lo cual resulta
que los acusados salen absueltos y el abogado defensor se llena de
gloria en todos los juicios” (p.296).
En Puerto Rico ya los veredictos no tienen que ser
unánimes y la mayoría de las personas que trabajan tienen razón para
solicitar que se les excuse de participar como miembro del jurado.
Por lo tanto, esta descripción no es del todo correcta pero
contribuye a la visión que le está “vendiendo” Pluscuán a
Anfiloquito de las ventajas de practicar la abogacía siendo miembro
del partido político en poder. No obstante, sigue siendo
cierto el que los miembros del jurado usualmente tienen prisa por
volver a sus quehaceres y oficios.
Entre las demás expresiones en la novela sobre la
práctica de la abogacía y la visión de los abogados se encuentra el
señalamiento de Anfiloquito que el abogado, al igual que el
comerciante, “mientras más marrullero mejor” (p.86). Se
menciona también la práctica de vender una casa por una cantidad de
dinero superior a la que se anota en la escritura de
compraventa.
En base a todas estas expresiones, se podría
concluír que el Derecho en esta obra se presenta de dos maneras:
el Derecho como un todo se ve como un instrumento que facilita
el abuso de poder de las personas que están en el gobierno en
posiciones de alto rango; y, en el ámbito mas pequeño de la
práctica privada de un abogado no envuelto en política, como
una manera de lucrarse económicamente protegiendo unas veces a unos
y otras a otros sin importar cuán incongruente resulten sus
actuaciones, porque en la escuela de Derecho “le enseñaron a
probar que lo negro es blanco y que lo blanco es negro” (p.252).
Tal vez esta visión del Derecho es pesimista, pero
tal pesimismo no le hace necesariamente irreal. La novela,
entre bromas e hiperbolizaciones, señala diversas verdades y
profundiza en la relación simbiótica Derecho/Política/Poder.
Recomiendo su lectura tanto a abogados como a no abogados.
Es una narrativa amena e interesante que nos permite
confrontar prácticas y patrones nocivos, profundamente arraigados en
nuestro sistema de gobierno y en nuestra sociedad.
©1998, Yanira Alemán. Todos los derechos
reservados.
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