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Secretos siniestros y el poder de las palabras en la
literatura
por: Yanira
Alemán
El presente escrito constituye un intento por
relacionar los conceptos de lo siniestro y del secreto patogénico,
con el principio del poder de las palabras. La lectura de
varios artículos de Lacan, así como de algunos escritos de Sigmund
Freud, me inclinan a sostener que tales conceptos o principios están
íntimamente relacionados, y se influyen
mutuamente.
Comenzaré
ofreciendo una definición o trasfondo separado para cada concepto,
para luego describir los enlaces entre unos y otros. Articularé
primeramente en qué consiste el “poder de la palabra", junto con
algunas reflexiones en torno al hecho de que nuestra estructura más
profunda, es decir, nuestro inconciente, esté estructurada como un
lenguaje. Luego procederé a elaborar el tema del secreto
patogénico y los resultados de la confesión del mismo. A esto le
sigue una reflexión en torno a lo “siniestro”, según descrito por
Freud. Finalmente, discutiré cómo están conectados estos
conceptos.
Con el propósito de
ilustrar y aclarar estas ideas, he seleccionado tres cuentos, los
cuales incluyo como anejos, a los que haré referencia a lo largo del
trabajo. Dos de los cuentos son de la autoría de la escritora
mejicana Angeles Mastretta. Estos están incluídos en su
colección de cuentos Mujeres de ojos grandes. A pesar de que
la autora no les asignó un título individual a cada cuento, todos
tratan de alguna tía y se les conoce generalmente por el nombre de
la tía en torno a quien gire la trama del cuento. A los que he
seleccionado podemos llamarle "Tía
Daniela" a uno y "Tía Laura"
al otro. El tercer cuento es "Dos palabras", de
Isabel Allende.
Sobre el "poder de las
palabras":
Ya sea debido a que
nuestro aparato psíquico puede ser interpretado como un sistema de
escritura, o porque el lenguaje es nuestra estructura más profunda,
que nos pre existe para que ingresemos en él y no él en nosotros, o
porque es el lenguaje el que distingue la sociedad humana de las
sociedades naturales, o, como se ha expresado, porque no hay vida
del espíritu sin la letra, o por todas estas razones juntas, el
poder de las palabras es inegable. Ya Austin ha planteado la
convicción de que cuando hablamos estamos haciendo algo, hablar es
una acción un "performance", afecta nuestro entorno, nuestra
relación con el mundo.
Este "poder de las
palabras" se puede apreciar en el cuento mágico realista "Dos
palabras". Este relato le rinde honor a la importancia
de la palabra, de la letra, del lenguaje. Toda la acción gira
en torno a las palabras y el poder y la magia que poseen. En
este cuento se resalta la autonomía del lenguaje, ya que en uno de
sus pasajes expresa: "...las palabras andan sueltas sin
dueño..". Se sugiere, además, que las palabras tienen
personalidad y textura, pues se ilustra que algunas son secas, otras
ásperas, algunas frías y otras duraderas.
En el cuento se hace
evidente, además, la concepción del lenguaje expresada por Levi
Strauss en su "Lección de escritura". Allí el jefe de la tribu
simula conocer y entender el lenguaje para validar su poder
político. En este cuento la protagonista, análogamente, al
descubrir a las palabras decide "apoderárselas" para comerciar con
ellas, es decir, establecer su negocio "vendiendo" palabras.
En ambos casos, el ser humano no conoce el lenguaje, pero
intuye el provecho que puede sacarle. En el cuento puede
también apreciarse como el Coronel va logrando el poder político
mediante el poder de un discurso construído con palabras
"refulgentes y durables".
Aunque la protagonista
tenía cierto control sobre las palabras, es necesario aclarar que es
la única que tenía este privilegio, pues el cuento demuestra de
manera excelente la capacidad que tiene el lenguaje para poseernos.
De hecho, las dos palabras secretas que le dice Belisa al
Coronel literalmente lo enferman y lo obsesionan.
Lacan recalca que el
instrumento del psicoanalista es la palabra. En el
psicoanálisis la cura surge porque hay una repetición hablada, por
medio del lenguaje, de algo que hemos reprimido. Por lo tanto,
las palabras tienen el poder tanto de enfermarnos (permaneciendo
reprimidas) como de sanarnos (al repetirlas y dejarlas salir).
En el cuento de la
"Tía Daniela" el instrumento de sanación utilizado por Elidé es el
hablar. No detenía la conversación, retornando siempre al
mismo tema, obligando a su amiga a recordar, a revivir, a repetir
todo aquello que había reprimido, a dejar que saliera aquello que
Daniela pensaba debía permanecer oculto. Cuando Daniela
empieza a hablar nuevamente, a pronunciar palabras para relatar los
detalles que se había callado; es entonces que comienza a mejorar, y
se va sanando.
Para Lacan el sujeto
es siervo del lenguaje y del discurso. Esto lo podemos
apreciar en el cuento de la "Tía Laura". Laura pertenecía a
una clase social cuyo discurso reprimía y suavizaba las emociones;
era un discurso hipócrita. Ella vivía sometida a ese discurso,
y ello le creaba tan inmensa inquietud que se vió forzada a
crear un lenguaje alterno para su uso exclusivo consigo misma.
Esto le producía cierto placer, pero también culpa, por lo que
acabó sometida a ese lenguaje también. Este lenguaje alterno y
secreto logra poseer totalmente a Laura, liberándose y
expresándose ante todos sin que ésta lo pudiese controlar.
Este cuento puede describirse como un interesante ejemplo de
la lucha entre dos discursos antagónicos, siendo Laura la víctima,
sometida y manipulada por ambos.
El secreto y las propiedades curativas de la
confesión:
El tema del secreto se
ha abordado desde diferentes perspectivas teóricas a lo largo de la
historia. Para propósitos de este trabajo, mi interés en el
tema se concentra en el aspecto de las propiedades curativas de la
confesión de un secreto doloroso o patogénico, "pathogenic secret"
y/o "burdensome secret".
La confesión del
secreto y su potencial de sanación se ha visto a través de las
diferentes épocas y culturas (Ellenberger, 1970). Algunas
culturas han practicado la confesión en masa, como es el caso de los
Aztecas, mientras otras doctrinas, como el catolicismo, hacen
énfasis en la confesión individual. Para el siglo 16, dentro
del protestantismo, existían ciertos ministros protestantes a
quienes se les consideraba como espiritualmente dotados con la
capacidad de obtener la confesión de un doloroso secreto por parte
de una persona con el alma enferma, y de esta manera las sanaban.
Esta práctica se conocía como la "sanación de las almas".
Dos siglos más tarde,
esta capacidad de sanación en la confesión del secreto trascendió el
ámbito religioso y comenzó a ser practicada por individuos conocidos
como magnetistas. Estos destilaron sus conocimientos a cerca
del "pathogenic secret" gracias al descubrimiento de Puységur del
estado del sueño magnético, "state of magnetic sleep", conocido
posteriormente como hipnosis. Resulta que el primer paciente a
quien Puységur indujo al sueño magnético en 1784, Victor Race, le
habló de un conflicto que tenía con su hermana del cual nunca se
atrevería a hablar en un estado normal de conciencia. Puységur
lo hipnotizó y lo hizo hablar del tema. Al regresar al estado
normal de conciencia el paciente estaba aliviado y podía hablar del
tema.
Para principios del
siglo 19 los magnetistas practicaban con frecuencia la técnica de
hacer a la persona relatar ese "burdensome secret" durante el sueño
magnético para así aliviarla. Para los 1880 y 1890 todavía
había hipnotistas que practicaban esta técnica (Ellenberger,
1970).
El primer clínico que
sistematizó el conocimiento a cerca del secreto patogénico y su
psicoterapia fue el doctor vienés Moritz Benedikt. En sus
publicaciones entre los años 1864 y 1895, Benedikt demostró que la
causa de muchos casos de histeria y otras neurosis se basaba en un
doloroso secreto que, por lo general, estaba relacionado a la vida
sexual del individuo, y que muchos pacientes podían ser curados
mediante la confesión de estos secretos patogénicos y la
confrontación y trabajo directo con sus problemas.
El psicoanálisis
incorporó los principios de otras técnicas previamente conocidas.
Un ejemplo de esto es precisamente el alivio que acompaña la
confesión de un secreto patogénico; pues en qué se basa el
psicoanálisis si no es en el alivio de síntomas mediante el hacer
concientes las influencias inconcientes.
El fundador de la
psicología analítica, Carl Gustav Jung, también considera que la
confesión de un secreto doloroso tiene un inmenso efecto
beneficioso. De hecho, en su autobiografía, Jung relata un
caso ilustrativo de esta situación. Se trata de una paciente
con una depresión tan severa que se asumía era un caso de "dementia
praecox". Sus hallazgos con la prueba de asociación de
palabras y con los sueños de la paciente provocaron en Jung la
sospecha de que había un trágico secreto envuelto. El se lo
comunica a la paciente y provee el contexto para que ella lo
confiese. Esta acaba relatando que había quedado muy asombrada
al descubrir que un hombre con el cual se quería casar, el cual no
había parecido estar interesado en ella, en realidad sí estaba
enamorado de ella; pero, ya nada se podía hacer pues ella estaba
casada con otro y tenía dos hijos. En ese estado de asombro,
permitió que su pequeña hija se llevase a la boca una esponja con
agua contaminada, y le dió a su niño de la misma agua a beber.
La niña murió de "thypoid fever" y la madre (la paciente) fue
a parar al sanatorio. Jung le explicó que su secreto la estaba
enfermando; y, al confesarlo, rápidamente se curó y pudo abandonar
el sanatorio en pocos dias.
El tema del
"burdensome and pathogenic secret" se ha extendido a la literatura.
En su libro The Discovery of the Unconscious Henri F.
Ellenberger menciona dos ejemplos: The Scarlett Letter
de Nathaniel Hawthorne - pues describe como un secreto patogénico
puede ser descubierto por un malévolo hombre que lo utilice y
explote para torturar a su víctima hasta la muerte; y The Lady
from the Sea de Ibsen, dónde se observa también un secreto
patogénico y la cura de su víctima mediante la confesión del mismo.
En los cuentos que he
seleccionado para ilustrar los conceptos que trabajo en este escrito
se puede apreciar claramente el tema del secreto patogénico y,
sobretodo, la sanación en la cual repercute la confesión del mismo.
En el cuento de la "Tía Daniela" la resistencia de Daniela a
hablar de aquel hombre y sus experiencias puede ser considerada como
su secreto patogénico. La mujer estaba enferma, moribunda a
causa de ese secreto compuesto por sus recuerdos. Llega el
momento en que la enferma empieza a hablar y a relatar los detalles
que se había callado; es entonces que comienza a mejorar, y se va
sanando.
En el cuento de Isabel
Allende, las dos "palabras secretas" que le susurra Belisa al oído
al Coronel, literalmente lo poseen y lo obsesionan. Estas dos
palabras son entonces el secreto del Coronel, quien se niega a
repetirlas. Cuando el Coronel está muriendo porque tiene esas
dos palabras "clavadas", el Mulato le dice: "Dímelas Coronel, a ver
si pierden su poder". Si prestamos atención, lo que está
pidiendo el Mulato es que las haga concientes mediante la repetición
para que se cure. El caso del Coronel nos permite observar el
lado contrario, o sea lo que ocurre cuando no se confiesa el
secreto, pues el Coronel no se curó nunca (es decir, no se libró del
hechizo de Belisa porque no repitió las palabras, no las
confesó).
En el cuento de la
"Tía Laura" interpreto su secreto patogénico como ese lenguaje
alterno y privado que ella había creado en rebeldía a su situación
en un entorno represor caracterizado por palabras "suaves". El
lenguaje secreto le hacía daño porque la hacía sentirse culpable, la
forzaba a disimular y, de hecho, el no poder utilizarlo libremente
frente a las demás personas le producía insomnio. Al final del
cuento, Laura lo utiliza para expresarse y desahogarse contra todos
los presentes. Este acto equivale a la confesión del secreto,
y la cura se encuentra en el hecho de que fue a su casa y durmió
durante diez horas (aliviando así su insomnio), y en el hecho de que
esto le ocasionó el divorcio (salió de una relación que no le
producía satisfacción alguna).
Reflexión a cerca de lo
siniestro:
Luego de Freud
describir cómo lo siniestro, u unheimlich, coincide con una
de las definiciones de lo que se supone es su antónimo, lo
heimlich o familiar, se podría inferir que lo siniestro es
familiar y no familiar a la vez. Sin embargo, la
definición que termina Freud por aceptar para lo siniestro es la
ofrecida por Schelling: "Unheimlich sería todo lo que debía haber
quedado oculto, secreto, pero se ha manifestado". En
realidad esta definición es muy general y vaga, pues puede aplicarse
a muchísimas cosas que no son verdaderamente siniestras. No
obstante, debemos recordar que Freud también señala que la
repitición de lo familiar podría resultar
siniestra.
Freud expresa que la
actividad psíquica inconsciente está dominada por un automatismo o
impulso de repetición, el cual está relacionado a lo siniestro pues
se repite lo que nos es inconscientemente familiar. Un ejemplo
de esto se puede encontrar en el cuento "Dos Palabras". Las
palabras secretas que Belisa le dice al Coronel se le quedan
grabadas en su aparato psíquico, pues este no hacía mas que
repetírselas a sí mismo en un automatismo: "Estaba repitiendo sus
dos palabras secretas, como hacía cada vez con mayor frecuencia.
Las decía cuando lo ablandaba la nostalgia, las murmuraba
dormido..."(pag. 18).
En el cuento de la
"Tía Laura" su lenguaje alterno y privado puede ser considerado
siniestro pues debía permanecer oculto y, sin embargo, se manifestó.
Específicamente cuando grita el "Ay Dios míooo!", eso es
siniestro. También, este lenguaje era siniestro porque a ella
le era familiar y en las noches lo repetía una y otra vez en sus
cuadernos.
Conexión final de
conceptos:
Para relacionar los
conceptos del poder de la palabra, el secreto y lo siniestro, es
necesario comenzar estableciendo que tanto lo siniestro como el
secreto surgen de nuestro inconciente o de nuestro aparato psíquico.
Si nuestro inconciente está estructurado como un lenguaje,
entonces el secreto y lo siniestro están construídos con palabras.
Si en el psicoanálisis la persona se cura por medio de la
palabra, se sana hablando, repitiendo aquello que había reprimido;
se puede inferir que se cura mediante una confesión del secreto y un
encuentro con lo siniestro; con aquello que, debiendo haber quedado
oculto, se ha manifestado.
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Referencias
Allende, I. (1989). "Dos Palabras". Los
cuentos de Eva Luna. Barcelona: Plaza &
Janes.
Ellenberger, H. (1970). The Discovery
of the Unconscious: The History and Evolution of Dynamic
Psychiatry. U. S. : Harper Collins.
Lacan, J. La instancia de la letra en el
inconciente o la razón desde Freud.
Mastretta, A. (1990). Mujeres de ojos
grandes. España: Seix Barral.
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